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Bi egunetan Bilbon / Dos días en Bilbao

¿Dónde vamos?

Hace ya dos fines de semana que Andrea y yo estuvimos en el País Vasco, más concretamente en Bilbao. Queríamos visitar alguna ciudad que estuviera por el “entorno” a la que pudiéramos ir con el coche en poco tiempo y que pudiéramos ver en un par de días. Todo esto empezó el seis de enero, más concretamente después de que Andrea me regalara una noche de hotel que por supuesto había que canjear. En un primer momento estábamos indecisos y no sabíamos realmente dónde ir, pero eliminando ciudades de nuestra lista por diferentes razones nos quedamos tan solo con dos, Toledo y Bilbao. Las dos parecían buenas opciones y cumplían los requisitos que estábamos buscando, pero pudo más la opción de visitar el norte que Castilla La Mancha.

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Cuando nos decidimos finalmente por Bilbao empezamos con los típicos tópicos que se tienen que de la gente y de la tierra vasca; nos van a hablar en euskera, va a llover todo el día, vamos a dejarnos los ahorros de un año, son unos bordes… Pero rápidamente cambiamos el chip viendo opiniones de la ciudad y hablando con algún amigo que había estado recientemente por allí arriba. Reservamos una noche en uno de los hoteles más céntricos y baratos que encontramos en Booking y la noche nos salió por 40 euros a los dos. No era realmente un hotel, sino que más bien se trataba de una pensión, la “pensión Serantes”. Nuestra idea era pasar allí la noche del sábado al domingo, saliendo de Valladolid el sábado por la mañana (tampoco madrugando demasiado) y volver el domingo por la tarde.

Estuve buscando algún aparcamiento para dejar el coche durante los dos días, ya que el hotel estaba en pleno casco antiguo y no contaba con parking privado. Pero finalmente decidí que el coche se quedaría en la calle en algún barrio “tranquilo” de la ciudad. Antes que este, estuvimos contemplando otros hoteles, pero la mayoría estaban en las afueras de la ciudad y había que coger el coche para ir al centro o andar cuarenta minutos y preferíamos estar en el centro de la ciudad para aprovechar mejor el tiempo.

De camino...

El sábado antes de salir lo preparamos todo y puesto que llegaríamos al hotel sobre las 13:30 o 14:00, llevamos algo de comer para no perder tiempo una vez estuviéramos allí en buscar un restaurante o algún lugar para comer. Como era la primera vez que íbamos a Bilbao no sabíamos realmente si convenía pagar el peaje para circular por la autopista o rodear por Santander, así que tiramos por lo fácil y pagamos los 21 euros de peaje para llegar antes a la ciudad. A la vuelta nos dimos cuenta de que podríamos haber ido mejor por el otro lado (Santander), pero eso ya lo dejamos para la vuelta. En la entrada a la ciudad, nos llamó la atención la gran cantidad de radares de tráfico que había y lo cierto es que los coches circulaban bastante despacio.

Entramos en Bilbao y para que engañaros, nos “despistamos” un poco y no sabíamos muy bien si cada cien metros que circulábamos nos acercábamos o nos alejábamos del hotel. Pasamos justo al lado de la calle donde se supone estaba la pensión donde pasaríamos la noche y donde teníamos que dejar las cosas para ver la ciudad, pero toda aquella zona estaba muy transitada, en el casco viejo no pueden circular coches y seguimos para adelante. Cruzamos la ría con el coche y vimos que había una zona llena de aparcamientos de zona verde, pero todos estaban ocupados y parecía imposible encontrar un solo hueco.

Dimos, dos, tres o cuatro vueltos por el barrio, que después resultó llamarse Miribilla y finalmente encontramos un hueco en lo alto de una ladera justo al lado de la puerta del parking del Bilbao Arena, el pabellón donde juega el Bilbao Basket sus partidos. Dejamos el coche justo cuando salían algunos jugadores y no me quedé del todo tranquilo, porque el coche a mi parecer estaba demasiado cerca de un vado en el que no sabía si estaba bien aparcado o si cuando volviéramos el domingo se le habría llevado la grúa de Bilbao. Pero el caso es que conseguimos aparcar el coche y bien cerca del hotel, que estaba en pleno casco histórico en la calle “Goienkale”.

Nada más bajarnos del coche íbamos a pagar la novatada acercándonos directos a sacar un ticket para que no nos pusieran multa por aparcar en zona verde, pero una mujer muy amable que paseaba por allí nos dijo que los fines de semana no había que pagar (de ahí que estuviera todo tan lleno de coches). Nos dimos cuenta que en menos de un minuto en suelo vasco, habíamos roto todos los estereotipos que teníamos de los vascos y sus tierras; no eran tan antipáticos y secos, no hablan todo el rato en euskera y encima hacía muy buen tiempo. Bajamos la ladera y llegamos en poco más de diez minutos a la calle donde estaba nuestra pensión y a lo tonto nos liamos a andar con maletas y todo y nos pasamos el portal, por lo que nos recorrimos toda la calle “Goienkale”. Algo que por cierto hizo que nos diéramos cuenta que como nos tocara una de las habitaciones que daba hacia esa calle peatonal, lo de dormir sería misión imposible del ruido que habría por la noche.

"Goienkale" es la típica calle llena de bares en la que nadie está dentro y todo en mundo está fuera hablando, fumando y tomándose su cerveza. Cuando llegamos al otro extremo de la calle y no habíamos visto ningún cartel donde pusiera pensión Serantes es cuando nos fijamos en el número y vimos que nos habíamos pasado unos cuantos edificios. Volvimos por nuestros pasos y llegamos a un portal modesto en el que estaba escrito en el telefonillo “Serantes”, entraos y subimos unas escaleras que parecen estar hechas para una competición. Eran las escaleras más empinadas que habíamos visto en la vida, más aún que las del “Amigo Hostel Budget” en Ámsterdam.

Pensión Serantes y las calles

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Cuando llegamos arriba nos atendió muy amablemente la dueña de la pensión, que nos enseñó nuestra habitación y los baños (que eran compartidos), nos dio la llave y nos repitió veinte veces que si necesitábamos cualquier cosa se lo dijéramos. No recuerdo su nombre, pero lo cierto es que nos trató muy bien y aunque un poco pesada se agradece que estuviera tan pendiente de nosotros. La pensión realmente es un “piso de estudiantes” reconvertido, con seis o siete habitaciones, dos baños y otra habitación que ahora hace las veces de recepción. Nos presentó también a Manuel, que dormía en la pensión y se encargaba de que todo estuviera tranquilo por la noche.

Por suerte nuestra habitación daba a la calle trasera y no a Goienkale, así que lo que pensábamos iba a ser poco menos que una discoteca, finalmente fue una habitación más o menos tranquila. Comimos en la habitación lo que nos habíamos llevado y a eso de las 14:30 ya estábamos en la calle para empezar a patearnos la ciudad. El día anterior habíamos hecho un pequeño itinerario para tratar de ver todo lo posible y como hacía buen tiempo y había que aprovechar, empezamos por seguir la ría hasta San Mames.

Íbamos paseando y parando cada pocos metros para hacer fotos, leer los nombre de las calles o simplemente pasar por alguno de los puentes que hay en la ría. Paramos junto a la Parroquia de San Nicolás de Bari para hacernos alguna foto, cruzamos el Areatxako Zubia, seguimos paseando y volvimos a cruzar la ría por el Udaletxeco Zubia y volvimos a otra vez al margen izquierdo por el puente Zubizuri.

Algo que nos llamó mucho la atención a los dos, fueron las placas de las calles, paseos, plazas y puentes que haye en Bilbao. Son azules como esta de la foto de abajo y quedan mucho mejor que las que hay en otras ciudades donde se ven menos y parecen dejadas y olvidadas. Da un aspecto muy señorial a la ciudad, que con la clara modernidad que se respira hacen un coctel perfecto. También nos llamó la atención (en este caso para mal), la gran cantidad que había de gente pidiendo por las calles, principalmente en las grandes avenidas, que aunque es cierto que hay gente viviendo así en todas las grandes ciudades, siempre choca encontrarte con ellos. Es la cara mala de las grandes ciudades y hay que saber que cuando se va a hacer turismo a alguna de ellas, por desgracia, va a haber gente que no ha tenido la suerte de poder vivir mejor.

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Desde este punto ya empezábamos a ver el Museo Guggenheim, uno de los más famosos de toda España y por supuesto el símbolo de la ciudad. Según andábamos hacia el museo, nos íbamos cruzando a mucha gente extranjera; franceses, alemanes, ingleses… Todos con la típica bolsita que te dan en los museos o las galerías en la que ponía “Museo Guggenheim” y aunque no nos habíamos planteado el entrar a verlo por dentro, tampoco habríamos tenido la opción, porque los sábados por la tarde está cerrado. Lo que sí que hicimos fue alguna fotografía por los alrededores, (que menos), y paramos en un banco junto a la ría a descansar un poco las piernas.

El museo está rodeado por un gran número de obras de arte que hace que con la extraña y llamativa forma del edificio, todo aquello parezca más una escultura gigantesca en su conjunto que un museo en sí. Hay una araña gigante con patas de hierro que parece que se va a romper por su propio peso, un cúmulo de bolas/espejo que cuando las miras de cerca hace que hasta te marees, un osos gigante de flores de todos los colores (muy fotografiado por lo turistas), una especie de chupachuses de colores también gigantes tirados en el suelo… Incluso el puente que hay justo en frente del museo parece formar parte de él (“Salbeko Zubia”), todo está perfectamente relacionado, como si fuera una ciudad futurista.

Es ese punto de Bilbao, la ciudad da una imagen de modernidad que a otras ciudades le españolas le falta y sin que tenga que ver demasiado con ello, cada minuto que pasábamos por allí la ciudad nos iba gustando más y más.

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Después de nuestro pequeño descanso en el camino, seguimos andando por la ría del Nervión, viendo parques, los edificios que hay cercanos a la ría, la Universidad del País Vasco, la otra orilla de la ría donde se veía un gran número de casas de lujo… Sin saber muy bien por donde llegábamos y sin mirar el mapa nos encontramos con un museo naval, donde se podían ver algunos barcos de todo tipo. Nos llamó la atención el lugar y nos quedamos por allí un rato y viendo que se acababa la ría torcimos a la izquierda para ir a dar al estadio del Athletic de Bilbao, el Nuevo San Mamés.

El Nuevo San Mamés lleva en uso desde el año 2013, cuando se cambió definitivamente el estadio. El viejo San Mamés estaba justo pegando a la grada interior, que está menos cerca de la ría del Nervión (en uno de los fondos). Ahora donde estaba “La Catedral”, que era como se le conocía entre los aficionados al futbol español, solamente queda un solar abandonado donde no tengo ni la menor idea si el ayuntamiento tiene pensado hacer algo. Ese día yo pensaba que había partido, (el Athletic jugaba esa jornada contra el Real Betis Balompie de Sevilla), pero resultó que jugaban el domingo, y de pensar que veríamos ambiente de partido pasamos a no ver más que el estadio quiero y mudo por fuera. Estuvimos por la Plaza Pitxitxi y frente a otros edificios de la Universidad del País Vasco y finalmente seguimos nuestro paseo por “Urkixo Zumarkalea”.

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Llegamos hasta la Plaza Indautxu y la Plaza Irriquibar, pasamos por una calle peatonal llena de tiendas llamada Ercilla (“Ercilla Kalea”) y fuimos a dar la Plaza de Don Federico Moyúa, con una fuente en el centro y rodeada de jardines y arbustos. Bajamos por On Diego López Haroko Kale Nagusia ya con teniendo en mente llegar al hotel, ducharnos y salir a tomar unos pinchos por la ciudad, pero cuando llegamos al puente para cruzar la ría (“Areatzako Zubia”), vimos que había un mercado/feria con muchos puestos de jabones, comida, cuero, ropa… Hicimos una pequeña parada y nos quedamos por allí durante un rato probando dulces típicos del País Vasco y decidiéndonos sobre qué queríamos llevarnos de recuerdo para Castilla y León.

Llegamos al hotel por la tarde, a eso de las 19:00 horas, y lo primero que hicimos fue darnos una ducha, descansar un rato y prepararnos para salir por la noche por el Casco Antiguo para probar la buena fama de los pinchos de Bilbao.


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